Anotacions més o manco impertinents

Indicació prèvia: Impertinent. - Que diu o fa coses fora de propòsit, molestes, irreverents, etc.

Hab. 626 – Es Baluard

mirollull | 14 Març, 2005 09:01

Engañar a un ministro no creo que sea difícil; a una ministra, algo más difícil, que por ser mujer es más perspicaz. Pero también posible. Si ha dicho, de motu propio “las instituciones han pagado Es Baluard y deben gestionarlo”, no está bien informada. Si se lo han hecho decir, tendrá que revisar de quién puede fiarse.

El que las instituciones hayan pagado, está por ver: el dinero no lo han aportado las instituciones; en todo caso es parte del erario público que dilapidan, malversan y se reparten, o usan para comprar adhesiones (A conejo muerto, subvención al canto. “Magia Borrás”) Y, en este caso, para más INRI, han endeudado parte de los impuestos que hemos de pagar los ciudadanos durante varios años con la Caja que es de donde canta que es Serrat.

Que las instituciones deban gestionar Es Baluard, ni de broma, por lo menos en cama redonda, que ya sabemos de qué son capaces. ¿Os imagináis a la Princesa, que por sus propias palabras no sabe lo que es un museo y tampoco el mundo, metida en esto?

Yo, en casa tengo algunas pinturas y dibujos (de Anckermann, Aleix Llull, J. Terruella, Brunet, J, Fuster, Julio Quesada, Alfredo Piquer, Felipe Criado...), esculturas, grabados (de estos, de Miró unos y otros de Zóbel, José Guerrero, Ràfols Casamada, Rueda, Marta Montcada... y Miró Llull), algunas herramientas antiguas, unos fósiles, unos carricoches y cañones de hojalata del ejército (tanto me da que se interprete de hojalata el ejército como los carricoches) y seguramente algunas cosas más, que se las puedo enseñar a la Presidenta para que compruebe que con esto no tengo un museo, en todo caso una colección simpática y atractiva de ir por casa, en la que no faltan un montón de siurells.

Y la de Serra, --que ya me gustaría tenerla-- , la señora Munar, o no la ha visto, o no ha visto otro museo en su vida que el que pudiera haber en su colegio; o es una paleta en arte. Lo que acabo de escribir no puede achacarse a interpretación mía; es simple constatación deducida de sus palabras.

Y hablemos ahora de Es Baluard, que sólo he visto ligeramente por el exterior. Creo tener una buena idea de lo que hay en su interior (entre lo de Serra y lo de otra procedencia.) Y he de reconocer que no he ido a verlo por lo mismo que, en mis años de residencia en Madrid, no visité el del fabricante de ascensores: por sus descarados chanchullos políticos.

También, ahora me apetece decir que ninguna pleitesía me induce a referirme como a “Don Pedro” al hablar de Pere Serra; la deferencia y la cortesía, no obliga a una cursilada reverencial. Aunque Pere Serra, en varias ocasiones ha abierto sus páginas a mis escritos (uno de ellos era el relato de, en un viaje de trabajo, en el cual un chofer de la empresa, después de recogerme en el Prat me llevaría a la fábrica de Alcanar, pasando primero por la Fundación Miró. Pedí al chofer que entrara conmigo a la fundación y alegó que él no entendía de aquello. No tuve dificultad alguna para convencerle. Resultó una experiencia muy gratificante, que incluso, al recogerme al día siguiente en el hotel, me agradeció.

Al regresar a Mallorca, Pere, ante mi deseo de volver a publicar me abrió otra vez la puerta y puso mi disponibilidad en manos de su hijo Miguel. Se publicaron, uno tras otro varios artículos; pero de buenas a primeras se iniciaron los retrasos y hasta omisiones en la publicación de los artículos. Tanto Miguel Serra como Pere Fullana, no me dieron razón por la no publicación, y me insistieron en que escribiera. Pero ¿se perdían? A Miguel le dije que si no les interesaban, me lo dijera claramente. Que aunque yo me considerara un articulista admisible (en otros sitios, Madrid incluido, me habían publicado) ellos podían tener otra opinión, o que mi temática y mi estilo no fueran lo deseado por su periódico. La respuesta fue que les siguiera llevando escritos. El resultado: que no publicaron. La consecuencia: que no les llevé ninguno más. Y así quedó: no hubo más publicación. Ni siquiera hable con Pere Serra, ya que él lo había dejado en manos de Miguel. De toda manera, me parece una historia curiosa.

Pero, volvamos a la ministra. ¿Sabe esta señora si los acuerdos, convenios o contratos aceptados y firmados, y seguramente protocolizados, tienen algún valor? ¿Sabe que existe uno, creo que inicialmente previsto por unos 30 años y finalmente firmado por unos 90 años, que establece cómo se llevará el museo, quien o que comisión y con que calidad de votos llevará adelante su gestión? ¿Sabe la señora ministra que los convenios sueles ser de obligado cumplimiento si se desarrollan según lo estipulado?

¡Qué ingenuas me parecen las manifestaciones de la ministra.

Y a ti, Pere, ¿qué quieres que te diga?; nos reiremos un poco. Cuando mi cuerpo, después de este trote, esté en condiciones, un día iré a pasear por fuera y por dentro de Es Baluard. Y hasta puede que intente pintar alguna acuarela en sus exteriores. Y en su momento, cuando ya estemos en el tiempo después del tiempo, Pere, nos divertiremos recordando la baja catadura general de nuestros políticos y de cómo son capaces de ir de Herodes a Pilatos, cambiar de chaqueta, y meter el cerebro en formol para intentar salvaguardarlo en todas sus posibles capacidades.

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